Vienna

La última parada de mi viaje de mochilera sola por europa. Había salido a las 11:30 pm de Munich y llegué a Vienna a las 6:30 am. Por supuesto no había sido mi mejor noche.

Me quedé un rato en la estación central entre que despertaba y entre que buscaba en qué matar el tiempo para salir a conocer la ciudad en una hora razonable. Así que me senté en la sala de espera a comer de lo que me había proveído la mamá de mi amigo en Ingolstadt. Con los audífonos puestos veía pasar a la gente y me imaginaba sus vidas. Una hora después empecé a recorrer la estación de trenes y a buscar la paquetería para dejar la mochila ya que no pasaría ninguna noche en la ciudad. Casi a media noche (otra vez) salía mi tren hacia Madrid. Por lo que tendría que aprovechar cada minuto.

No recuerdo exactamente cuánto, pero aproximadamente costaba de cinco a diez euros la paquetería para todo el día. No podía creerlo. Estaba baratísimo. Ya me empezaba a gustar Vienna y aún no salía de la estación. La cual, por cierto, esta muy grande y bonita.

Saqué una mochila mas pequeña, mi agua, dinero y todo lo que pensé que podría necesitar para recorrer la ciudad sin necesidad de regresar y me embarqué a la aventura. Antes de dejar el edificio me dirigí al cubículo de información donde me regalaron un mapa y muy amablemente contestaron a todas mis dudas.

Tomé el metro y me bajé en la estación Karlsplatz, me tomé unas fotos en el Karlskirche y luego caminé hacia una fuente, Hochstrahlbrunnen. Wien me recibió con un arcoíris y no podía estar mas feliz.

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Todos los edificios me parecían tan bonitos. La ciudad tan tranquila y al mismo tiempo llena de vida, casi puedes respirar la cultura.

Uno de los lugares que tenía muchas ganas de conocer era el Stadtpark. Un parque fascinante en donde, ademas de otras cosas, se puede encontrar un monumento a Johann Strauß.

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¿Les ha pasado que entran a un lugar y tiempo después se enteran que era un lugar famoso? Pues eso fue exactamente lo que me pasó. Sucede que iba de camino a cierto edificio, cuando, de pronto y sin planearlo, entré a un local que llamó mi atención, pensando que era una tienda de souvenirs. Recorrí una parte y me salí. Mucho tiempo después descubrí que era la casa donde Mozart vivió y compuso. Obviamente no tengo fotos porque ¿quién le toma fotos a una tienda de souvenirs? Agh.

Como mencioné anteriormente en Vienna se respira arte por donde quiera que vayas, y mis ojos ya no sabían cuándo quedarse quietos.

Domkirche St. Stephan o la catedral de San Esteban es un edificio hermoso con una arquitectura medieval. Lamentablemente con mi iPhone no pude captarlo así.

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Después me encontré con la Pestsäule, una escultura del siglo 17 que conmemora a las víctimas de la plaga.

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En esta ciudad todos los souvenirs tienen que algo de Gustav Klimt, especialmente con su obra mas conocida, el beso. No podría gustarme mas.

Mientras me dirigía hacia la Michaelerplatz me encontré varios sitios interesantes, entre ellos la Wiener Staatsoper, el museo Albertina y su parque, y el Palais Pallavicini.

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Alrededor de la plaza Michael, en donde están ruinas de una aldea romana, se encuentra el palacio Hofburg. Atravesando el palacio te encuentras con un complejo de edificios históricos y de una fachada increíblemente hermosa.

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Seguí caminando para encontrar el Neue Burg, un palacio incompleto del siglo 19 con una estatua del Prinz Eugen en el frente.

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Al lado la Äußeres Burgtor, una puerta enorme con cinco arcos construida en 1800.

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¿Les mencioné que Vienna está llena de parques hermosos? ¿No? Bueno, pues así es. Así que de camino al Rathaus, el palacio municipal, atravesé un jardín lleno de flores y no pude evitar pedirle a un chico que me tomara una foto porque las que me había tomado con el selfie stick estaban terribles.

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El Rathaus es un imponente edificio Neo – gótico construido entre 1872 y 1883 para el cual se utilizaron 30 millones de ladrillos. Impresionante ¿verdad?

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Me encontré con un mercado de comida en marco del Wien Film Festival (el Festival de Cine de Vienna), así que decidí comer ahí.

Descubrí el puesto de comida mexicana justo frente a mí. Estuve a punto de comprar ahí la comida de ése día, pero quería probar la comida Austriaca así que me conformé con tomarle unas fotos.

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Para mi sorpresa encontré una opción vegetariana. La verdad es que no recuerdo ni lo que era. Lo que sí que no se me olvida es que estaba muy rica y a un buen precio.

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Caminé por fuera del Rathaus hasta llegar al parque de Sigmund Freud donde descansé por unos momentos.

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Hay otro sitio que tenía muchas ganas de visitar, Hundertwasser House. Es que parece que no estás en Vienna. Tanto colorido, y las formas orgánicas del edificio destacan dentro de la ciudad. Me sentí en Barcelona por un momento.

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La tarde estaba cayendo y lo mismo hacían mis fuerzas. Aún quedaba mucho Vienna por ver y recorrer.

Llegué a Belvedere Schlossgarten un palacio de estilo barroco del siglo 18 con unos jardines enormes llenos de estatuas y flores por doquier. Decidí que antes de recorrerlo tomaría un pequeño descanso. Aún que iba con tenis, mis pies me dolían de caminar por tantos días y con poco descanso por las noches.

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Al final resultaría ser una mala idea por dos razones:

  1. Me di cuenta que soy alérgica al pasto
  2. No me fijé en el horario de entrada al palacio

Ni pude descansar bien porque tenía comezón en las piernas y en los brazos y ni pude entrar al palacio porque estaban a punto de cerrarlo. Al menos pude admirarlo por fuera y tomarme algunas fotos.

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Con el ánimo un poco decaído regresé al centro de la capital de Austria, específicamente a la zona de museos, a los cuales obviamente tampoco pude entrar porque era tarde. Así que les aconsejo que cuando vayan y tengan planeado entrar a los museos, chequen antes los horarios, y hagan su agenda con base en eso.

Aún así disfruté del paseo, es que las fachadas de los edificios son espectaculares y con la puesta de sol lucían aún mas. Aunque vuelvo a lo mismo, no pude captar la belleza con mi iPhone, solo tengo los recuerdos en mi memoria.

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Seguí caminando la misma calle hasta llegar al Rathaus. Decidí cenar ahí, ahora probaría otro puesto. Pedí una hamburguesa vegana y me senté a descansar mientras disfrutaba de la comida y de la vista. Al terminar de comer me dirigí hacia una zona donde habían sillas y una gran pantalla de tela donde empezarían a proyectar videos de algo que no recuerdo.

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Después de un rato me levanté, rellené mi botella de agua en un bebedero y me fui de regreso a la estación central de trenes. Recogí mi mochila y entré al baño a cambiarme de ropa. Era el segundo día que no me bañaba. Volví a la sala de espera a la que había llegado hace unas 14 horas antes aproximadamente, otra vez tenía que matar el tiempo. Me puse a escuchar música.

La mala suerte que empezó cuando descubrí mi alergia al pasto no había terminado, por causas desconocidas (o al menos no entendí lo que dijeron en la estación) el tren se había atrasado una hora.

Por fin llegó y me subí al vagón que me tocaba. De por sí ya estaba cansada y sabía que no pasaría una buena noche porque, quien descansa viajando en tren, pero no ni idea de lo que me esperaba.

Apenas abrí la puerta y salió un hedor. Tres franceses se encontraban adentro, una pareja y un chico mas. Los tres viajaban juntos y, por su olor, deduje que tendrían al menos una semana sin bañarse. Yo llevaba dos días y ya me sentía sucia y tenía comezón por todo el cuerpo. Pero en serio, nada comparado con ellos. Otro señor y yo éramos las víctimas de tal apeste. Lo peor era que no solo tenía que soportarlos toda la noche (en la que obviamente no pude dormir), sino que la mitad del día siguiente.

En mi mente iba pidiendo que se bajaran antes que yo, pero no lo hicieron. Me desperté temprano en la mañana, habré dormido unas dos horas, supongo y salí corriendo al pasillo para ver el paisaje, estábamos atravesando Suiza y se veían unos paisajes espectaculares, como de película. Tenía ganas de bajarme ahí, pero por otro lado moría de ganas de llegar a mi casa a descansar.

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Debo decir que fue el peor tren en el que me subí en todos los viajes que he hecho. Había muchísima gente tirada en el pasillo dormida. Jamás vi un tren tan sucio. Traté con todas mis fuerzas de no ir al baño pero no pude. Olía horrible. Ya estaba deseando llegar a Zurich, donde haría escala.

Me bajé lo mas rápido que pude, tanto como para tomar el siguiente tren, como para alejarme de ese trio de pestilentes.  Apenas había dado unos pasos fuera del vagón cuando unos hombres uniformados me hicieron señas de que me detuviera y empezaron a hacerme preguntas. Será posible? No detenían a todos, de hecho al trio de franceses no los detuvieron, pero a mí sí. Al parecer andaban buscando a una persona con características parecidas a las mías y pensaron que yo estaba con una chica que caminaba a mi lado. Le expliqué que tenía mucha prisa por tomar el tren porque viajaba hasta Madrid y que no podía perderlo. Les enseñé mi pasaporte y mi boleto y se convencieron de que les decía la verdad y me dejaron ir.

Pregunté donde estaba la estación que buscaba y me fui corriendo porque ya llevaba una hora de retraso, que no era mi culpa, pero que echaba a perder mi viaje porque tenía que hacer varias conexiones. Compré un sandwich, el mas caro de toda mi vida. No recuerdo cuánto fue, pero comprobé que Suiza es el país mas caro del mundo. Tenía hambre y era lo único que había, además la siguiente parada en Ginebra, así que los precios estarían igual y la espera no tendría sentido.

Llegué a Ginebra y no podía creer lo que veía. El trio de franceses, solo que ahora eran dos, la parejitas, sentados en los asientos de al lado. Me vieron y la chica me sonrío. Le sonreí también. En realidad no me caían tan mal, era su olor corporal el que no soportaba, de ahí en fuera se habían comportado bien, respetuosos.

El tren iba casi vacío y era mucho mas grande, así que el olor no era tan penetrante. Además, el viaje era mucho mas corto.

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aún tenía galletas veganas alemanas

Llegué a Lyon, ya conocía la estación, así que busqué el anden del cual saldría el tren pero ya se había ido. Claro, llevaba una hora de retraso desde Vienna y no llegué a tiempo. Intenté explicarle eso a la persona que me atendió en el lugar donde venden los boletos, le preguntó a su supervisor, pero le dijo que si fueran sus trenes los que se hubieran atrasado, entonces podrían darme boleto para otro tren sin costo adicional, pero como era otra compañía, ellos no podían hacer nada.

No solo tuve que pagar otro boleto, sino que tuve que esperar otra hora y algo mas. Lo que me dejaba ahora con mas de dos horas de retraso y aún tenía que hacer conexión en Barcelona, donde sucedería lo mismo: no llegaría a tiempo ni de… casualidad, perdería el boleto y, como es de otra compañía, tendría que comprar uno nuevo. Pero eso no es todo, se supone que a Barcelona llegaría a las 8 y a Madrid a las 11 de la noche, pero ahora llegaría a las 10:30 a Barcelona, si bien me iba y en la madrugada a Madrid.

No sabía qué hacer. Estaba muerta de cansancio y con unas ganas de acostarme en una cama real, que no podía mas, pero también sabía que era una locura seguir viajando así.

Recordé que una amiga que vivía en Madrid se había ido a Barcelona a vivir con una amiga, quien a su vez vivía con una amiga. Es decir, mi amiga estaba de colada en esa casa y ahora yo también quería colarme, aunque fuera por una noche nada mas.

Me comuniqué con mi amiga y me dijo que podía quedarme con ella. Por fin llegué a Barcelona, pasadas las 11. En las dos ocasiones anteriores que había ido no había tomado el metro, pero esta vez tendría que hacerlo. Era el tercer día que no me bañaba y apenas podía caminar. El vagón estaba lleno y me fui parada golpeando a todo mundo con la mochila en la espalda y una bolsa en la mano.

Me bajé en la estación que me dijo, tenía que caminar hacia un parque. Había tomado la salida equivocada, estaba lloviendo y no había nadie en la calle para preguntar hacia donde ir. Era una zona de la ciudad que no conocía y ya no tenía saldo ni datos para comunicarme con mi amiga. Encontré un local abierto, le pregunté por la dirección y no supo ubicarme, le pedí un teléfono y me ofrecí a pagar, pero no quiso ayudarme.

Me sentí desesperada y frustrada, no había ningún wifi gratis por ningún lado. Después de caminar un rato encontré la salida que debí haber tomado y ahí estaba el parque, pero no estaba nadie esperándome. ¿Me estuvo esperando y se fue? ¿Está en otro lado del parque? ¿Le habrá pasado algo? Mi mente se llenó de miedo. Eran casi las doce, la lluvia seguía mojándome y había cada vez menos personas.

Por fin llegó mi amiga y sentí un gran alivio. La abracé y nos fuimos al departamento. Las otras chicas aún estaban despiertas. Mi amiga me preguntó si quería cenar, dormir o bañarme. Le dije que bañarme primero. Otro alivio mas. Qué rico es bañarse. Mi amiga había estado de mochilera por América del sur y me dijo -ahora ya comprendes lo que yo viví-. Ella había pasado cuatro días sin bañarse durante ese viaje. Aunque era media noche, comí algo, poco, porque no había cenado y me fui a acostar. Mi amiga se acostaría después en la misma cama.

A la mañana siguiente me levanté, guardé mis cosas y salí con mi amiga a desayunar a un local cerca del departamento. Tomamos el metro y me acompañó a Renfe. Me despedí de ella, y me subí al tren. Un vagón limpio y con wifi, pero sobretodo, ya iba de regreso a casa.

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