Amsterdam

Mi ciudad favorita de europa, al menos por el momento. Conocida también como la «Venecia del norte», Ámsterdam es la capital de los Países Bajos. Al igual que sucede con Inglaterra y Gran Bretaña, podemos llegar a confundir Holanda y los Países Bajos. Les explico por si tienen duda: Holanda forma parte de los Países Bajos, es el país mas importante y en él se encuentra Ámsterdam.

Como su nombre indica en Neerlandés (idioma oficial), Países Bajos se escribe Nederland, el territorio del país está formado por tierras (land) bajas (neder) de las que, aproximadamente, una cuarta parte están situadas al nivel del mar o por debajo de este. El nombre de Ámsterdam deriva de Amstelredamme, una presa (dam en neerlandés) en el rio Amstel.

En una clase de diseño, cuando estudiaba la licenciatura, conocí el hoy famoso logo de la ciudad «I amsterdam», me encantó. Así que cuando planeé mi viaje a Ámsterdam sabía que una foto junto a las letras era un must.

Salí de Bruxelles-Midi el 31 de julio a las 21:52 y llegué a Ámsterdam Centraal a las 23:42 en un tren que me costó 57 euros de la compañía Thalys, como parte del paquete interrail. Empezando con la central de trenes, Ámsterdam me cautivó.

IMG_8057.JPG
Esta foto la tomé al día siguiente, obviamente

Tenía sueño pero no tenía a dónde llegar. Como les he platicado anteriormente, el hotel Ibis me salvó la vida en ese viaje de mochilera. Al costado derecho de la estación central se encuentra uno. En el corto trayecto de la central a la puerta del hotel me asombró la cantidad de bicicletas que vi. Realmente impresionante.

Me atendió muy amablemente el muchacho de la recepción. Me preguntó si era mi primera vez en Ámsterdam, le dije que si. Me recomendó que saliera a pasear y que no podía perderme la oportunidad de conocer el red light district.

Estaba super cansada y solo quería dormir, pero sabía que él tenía razón, no podía dejar pasar esa oportunidad. Así que le pregunté acerca de la seguridad en la ciudad, ya que una mujer caminando sola por las calles, a media noche, es bastante peligroso de donde yo vengo. Me dijo que en general es bastante seguro, pero que sí hay que ser precavido, lo usual: no aceptar invitaciones de extraños, etc.

Subí a mi cuarto, dejé la mochila, saqué una bolsa y salí a conocer Ámsterdam de noche. El recepcionista me había regalado un mapa de la ciudad e incluso me había marcado los lugares que debía visitar. En cuanto salí empecé a grabar con mi teléfono la cantidad de bicicletas estacionadas por la calle. Creo que hasta el día de hoy no lo supero. Y es que es la única ciudad del mundo donde hay mas bicicletas que personas (aunque hay quienes dicen que es Copenhague. Según lo que vi, yo digo que es Ámsterdam).

Seguí caminando de acuerdo a las indicaciones del chico de recepción. Me equivoqué en una calle, pero encontré el camino rápidamente. Se supone que está prohibido grabar video y tomar fotos, pero hay quienes sí lo hacen. Yo decidí no hacerlo, se me hizo una falta de respeto. Así que les describiré lo que vi y lo que viví.

El red light distric consta de una calle larga donde, dentro de aparadores de cristal transparente, puedes ver a mujeres en lencería, que te hablan para que vayas a pasar un rato con ellas. Además de una silla puede verse una puerta en el aparador. Cuando entra un hombre, la mujer lo lleva de la mano a través de esa puerta. No hice un gran recorrido porque, como podrán imaginarse, la mayoría de los transeúntes son hombres, así que mi presencia llamaba un poco la atención. El nombre hace alusión a la iluminación de los aparadores: rojo.

A la mañana siguiente, y con mapa en mano, salí a conocer la ciudad. Obviamente tenía que hacerlo en bicicleta, así que empecé a caminar en los alrededores del hotel buscando un lugar donde rentaran ése medio de transporte. Supuse que cerca de la estación de trenes debería haber alguno, y estaba en lo correcto. Antes de llegar a dicho lugar encontré un establecimiento donde desayunar con vista a uno de los canales, el Stadscafé Oosterdok (voorheen B&B Lunchroom).

IMG_8062

IMG_8063

No podía haber mejor clima. Era un día soleado y con cielo despejado. A pesar de que el sol brillaba en su máximo esplendor, el calor era soportable; tanto así que decidí vestir de negro e incluso tomé una chamarra ligera que guardé en el bolso que había comprado en Bruselas.

Me subí a la bici y empecé a pedalear; tenía hasta las cinco de la tarde para entregarla y muchos lugares por recorrer. Mi primera parada fue por supuesto el Rijksmuseum, frente al cual están las letras «I amsterdam». Como era de esperarse estaba lleno de gente. Las letras eran mucho mas grandes de lo que había imaginado.

El problema de viajar sola son las fotos, agh. Intenté tomarme unas con el selfie stick ¿el resultado? un desastre. Le pedí a una chica asiática que me tomara una foto, y ella muy amablemente me tomó toda una sesión de fotos. Estaba tan emocionada de estar en ésta ciudad holandesa que no le di mucha importancia a tomar fotos, sino a disfrutar de la experiencia.

IMG_8088

Cerca del Rijksmuseum están el museo de Van Gogh, el museo de arte moderno Stedelijk Museum (por cierto fue en este museo que compré el libro steal like an artist y no se me ocurrió que el contenido estaría en holandés porque ¿a quién se le va a ocurrir que estando en holanda los libros estén en holandés?) y el no tan conocido Museo Moco que, aunque en español lo asociemos con la mucosidad, no tiene nada que ver con la nariz, sino con arte contemporáneo y específicamente con Bansky. Muy recomendado.

En medio de esta zona de museos se encuentra un parque muy grande en el que mucha gente se queda para leer, dibujar, o simplemente disfrutar de la vista. También hay canchas de básquetbol y establecimientos donde venden recuerdos, aproveché para comprar unos parches con la bandera de los Países Bajos; en fin, que es un lugar muy familiar y turístico. En la tienda de souvenirs del Rijksmuseum me compré una mochila de autorretrato de Vincent.

IMG_8099

IMG_8130

IMG_8133

IMG_8105

No recuerdo qué estaba buscado, pero recuerdo que me perdí, estaba cerca del museo Heineken. Así que me bajé de la bici y saqué el mapa tratando de ubicarme, cuando como de película, el chico mas guapo de toda la ciudad (o eso me pareció) se me acercó y me ofreció su ayuda. Le dije que sí, me ayudó con el mapa, le dije gracias y dejé que se fuera sin preguntarle siquiera su nombre, agh.

Para cuando me di cuenta eran casi las cinco de la tarde, no encontraba el Museum het Rembrandthuis o ‘Museo de la Casa de Rembrandt’, que fue el hogar y taller del mismo artista, y estaba super lejos del lugar donde tenía que entregar la bicicleta. Así que pedaleé con todas mis fuerzas en dirección a Mac bike (donde rentan las bicis) sin ver el mapa, porque gracias al chico guapo tenía una idea de dónde estaba; para mi sorpresa me había ubicado bastante rápido. Tenía mucha prisa porque si me pasaba de las cinco me cobrarían no se cuántos euros extras y, por si no les había comentado, Ámsterdam es carísimo. Por fin llegué, con unos cinco minutos de retraso y esperando que no me lo tomaran en cuenta. Y así fue, apenas tuve aliento para agradecer.

Muy cerca de donde renté la bicicleta está el  Museo de Ciencia Nemo, dudé en entrar, pero decidí no hacerlo porque quería ir a la casa de Ana Frank y, si no me apuraba, cerrarían la entrada.

IMG_8136
Vista del Museo de Ciencia Nemo

Guiada por el mapa, y ahora caminando, llegué a la calle que buscaba. Había una fila larguísima, el aire empezaba a enfriar y no había comido. De la nueva mochila saqué mi chamarra y me la puse. Lo bueno es que también había guardado mi botella de agua y, aunque estaba ya casi vacía, pude rellenarla cerca de la entrada a la casa-museo. Mientras esperaba en la fila, una muchacha se acercaba a cada persona o familia preguntando qué idioma hablábamos, y de acuerdo a nuestra respuesta nos entregó un panfleto con información del museo y del recorrido. Dudé en responderle a la chica si quería la información en inglés o en español. Decidí que fuera inglés.

La espera valió la pena. Recorrer la casa, aunque vacía, es una experiencia inolvidable. Desde entrar por el librero-puerta, subir las interminables escaleras angostas y ver las fotos de las ocho personas que vivieron ahí, hacen que tu imaginación se remonte a aquellas fechas. Es increíble que esos terribles acontecimientos hayan ocurrido apenas unas cuántas décadas atrás.

Lo primero que hice al salir del museo de Ana Frank fue buscar un lugar donde comer/cenar. Cuando me dirigía al museo encontré un sitio que llamó mi atención, así que fui ahí. No me gustaron ni el menú ni el ambiente, así que me fui. No sabía a dónde ir, así que caminé » sin rumbo» pero en dirección al hotel donde me hospedaba. Al ser una zona cerca del centro y cerca del museo, estaba llena de restaurantes y bares. Decidí que quería comer en un lugar que no fuera para turistas, quería una experiencia local. Encontré el sitio perfecto en el Café Van Zuylen, un ambiente relajado, acogedor y auténtico, justo lo que buscaba. Pedí un clásico del café: quiche con queso Camembert, espinaca y almendras, me supo delicioso.

IMG_8183

Seguí recorriendo las calles de Ámsterdam tratando de atesorar  los cautivantes canales, sus edificios icónicos, encantadoras casas-bote, coloridas flores y miles de bicicletas.

IMG_8182

IMG_8167

Regresé al hotel cansada pero feliz de haber conocido la que hoy es mi ciudad favorita. Ahora tenía que descansar para recobrar fuerzas porque me esperaba una ciudad que me hacía una gran ilusión conocer: Copenhague.

Haciendo un recuento, quizá no tomé todas las fotos que hubiera querido; pero la mitad del día anduve en bicicleta, y la otra mitad la disfruté tanto que olvidé tomar fotos. Creo que lo prefiero de esa manera.

Anuncios