El recuerdo de una palabra

Corazón partió es una de mis canciones favoritas de Alejandro Sanz. Yo era muy pequeña cuando la canción estaba de moda en México, así que no me sabía bien la letra. En realidad, no me sabía bien la letra de la mayoría de las canciones de ésa época.

Hace unos días volví a escuchar, de casualidad y después de muchos años, la susodicha canción. Aunque había pasado mucho tiempo, nunca me tomé la molestia de buscar la letra de la misma, razón por la cual fue una sorpresa cuando, al iniciar la canción, entendí perfectamente la frase inicial.

En fracción de segundos, y mientras escuchaba la primera palabra, mi mente se transportó a un lugar y momento específico de mi pasado. Estaba en Madrid, caminando en dirección a la escuela junto con algunas amigas y les pregunté si tenían un «curita». Me preguntaron qué era eso, me di cuenta que era una de esas palabras que tienen un nombre diferente en la madre patria, así que les describí la función del curita. -Ah, una tirita- me dijo la malagueña salerosa. Asentí suponiendo que hablábamos del mismo objeto. -Pero ¿porqué le llaman curita, tía? Me preguntó la rubia de Elche. Le dije la verdad, que no sabía el motivo. Le hice la misma pregunta y obtuve la misma respuesta.  -Curita, me gusta- dijo la de Málaga. -Curita porque cura. Hace sentido. Y aunque en realidad un curita no cura, sí que ayuda al proceso de curación, así que estuve de acuerdo con ella.

Volví a la realidad con la misma rapidez con la que había pasado ésta memoria en mi cabeza. Ahora todo tenía sentido, al menos en ésta canción. La primera frase me sonaba perfectamente normal, hacía sentido con el resto de la letra: tiritas pa’ este corazón partío.

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